JUAN DE ENGUERA EN EL REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS
Traducción facilitada por D. Rafael Díaz Molina, desde Suecia

... A pesar de las disposiciones del testamento de Isabel, en favor de su marido, la situación de Fernando en Castilla era precaria. Como consorte de Juana podía Felipe el hermoso exigir que la regencia pasara a ella y a él mismo. A partir de 1497, Fernando se había preparado para esta situación y nombrado un número de dignatarios de confianza para todos los puestos clave de Castilla, entre ellos el cardenal Cisneros. También percibiendo el peligro, convocó poco después de la muerte de Isabel a los representantes de 18 ciudades, con representación en las Cortes (Cortes de Toro, enero de 1505), recibiendo una confirmación permanente de sus poderes de regente. Todo esto no era suficiente. Felipe informó inmediatamente a las Cortes que rechazaba la iniciativa de su suegro. En abril de 1505 firmó en Hagenau un acuerdo con Luis XII y el emperador Maximiliano – más tarde se incluyó Juan de Albret a la alianza en la que se acordó agredir a Castilla y Nápoles si el gobierno de Fernando proseguia. En Castilla un gran número de nobles poderosos, el Conde de Villena, el Duque de Medina Sidonia, los Duques de Nájera y Benavente y otros, se unieron a Felipe para librarse de la regencia estricta del Rey Católico.

Viéndose Fernando con problemas internos y externos, respondió con una rápida jugada diplomática. Por medio de su embajador secreto en Francia, frai Juan de Enguera*, consiguió comunicarse con el rey Luis XII pidiendo la mano de Germaine de Foix, sobrina de Luis XII. Por lo tanto un posible heredero del matrimonio heredearía Nápoles. En el tratado de Blois en octubre de 1505 se ratificó el acuerdo, que a la vez determinaba que los barones de Nápoles en favor de Francia, que habían sido desplazados de sus posesiones durante el conflicto entre España y Francia, recibirían una compensación de 500.000 ducados”

*En danés escriben “broder” = hermano, debe ser un fraile.

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