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El Santo Rosario
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¿POR QUE REZAR EL ROSARIO?


Juan Pablo II: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad.»

 

San Luis de Monfort: «Cada vez que rezamos el Ave María, estamos repitiendo las mismísimas palabras con que el Arcángel Gabriel saludó a María el día de la Anunciación cuando ella fue hecha Madre del Hijo de Dios. Muchas gracias llenaron el corazón de María en ese momento. Ahora cuando decimos el Ave María le ofrecemos de nuevo todas estas gracias y alegrías a Nuestra Señora y ella las acepta con un gusto inmenso. A cambio, ella nos hace participe de estas alegrías. El Ave María es un pozo sin fondo de donde podemos extraer las bendiciones que Dios quiere derramar sobre nosotros. Los frutos de rezar el Ave María frecuentemente son regalos del Espíritu Santo: la caridad, la alegría, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la mansedumbre, la fe, la modestia, la continencia, la castidad y la longanimidad. Mientras más se una nuestra alma a María, ella más nos unirá a Dios. Con el Ave María, ella nos moldeará para que cada vez nos parezcamos más a Jesucristo, de una manera suave y proporcionada a la debilidad humana, sin grandes trabajos ni agonías, de una manera santa e inmaculada, y sin miedo de ilusiones, que no tiene aquí parte el demonio ni tendrá jamás entrada donde esté María.»

 

San Bernardo: «nunca, nunca se ha oído que en algún momento o lugar María se haya rehusado a oír las oraciones de sus hijos.»

 

Las 15 promesas del Rosario según los escritos del beato Alano:
1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido porla desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los
bienaventurados de la corte celestial.
14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

 

San Pío de Pietrelcina: «quisiera que los días tuvieran 48 horas para poder redoblar los Rosarios».
Nos narra P. Stefano Manelli, uno de sus hijos espirituales y gran conocedor de su espiritualidad, una historia de cuando aún era un seminarista capuchino:«el Padre Pío oraba mucho aún fuera de las horas de oración comunitaria. Encontrarlo en el coro (lugar donde rezan los religiosos en las iglesias), o en su cuarto haciendo oración, era una cosa normal. Le gustaba mucho ya entonces la oración del Santo Rosario. En sus propósitos espirituales escribió de rezar cada día quince rosarios».

 

Sor Lucia, vidente de Fátima: El 26 de Diciembre de 1957, el Padre Agustín Fuentes, Postulador de la Causa de Beatificación de Francisco y Jacinta Marto, entrevistó a Sor Lucía Dos Santos, vidente de las apariciones de Fátima que aún vive. Esta entrevista tuvo lugar en el Convento de las Religiosas Carmelitas Descalzas de Santa Teresa, en Coimbra, Portugal. En ella estuvieron presentes el Obispo Auxiliar de Leiría, los dos Obispos de Coimbra, el Nuncio Apostólico en Portugal ( Monseñor Cento ), y Monseñor Antonio Samoré, Secretario de Asuntos Extraordinarios en la Secretaría de Estado de Su Santidad. En el curso de esa entrevista, le dijo Sor Lucía al Padre Fuentes:
«… La Santísima Virgen nos dijo, tanto a mis primos como a mí, que 2 eran los últimos remedios que Dios daba al mundo: el Santo Rosario y el Inmaculado Corazón de María…»
« … Mire, Padre, la Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia: el rezo del Santo Rosario, de tal manera que ahora no hay problema por más difícil que sea: sea temporal y, sobre todo, espiritual; sea que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros o a la vida de nuestras familias del mundo o comunidades religiosas, o a la vida de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario “.
« Con el Santo Rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. Por eso, el demonio hará todo lo posible para distraernos de esta devoción; nos pondrá multitud de pretextos: cansancio, ocupaciones, etc., para que no recemos el Santo Rosario».
« Si nos dieran un programa más difícil de salvación, muchas almas que se condenarán tendrían el pretexto de que no pudieron realizar dicho programa. Pero ahora el programa es brevísimo y fácil: rezar el Santo Rosario. Con el Rosario practicaremos los Santos Mandamientos, aprovecharemos la frecuencia de los Sacramentos, procuraremos cumplir perfectamente nuestros deberes de estado y hacer lo que Dios quiere de cada uno de nosotros».
« El Rosario es el arma de combate de las batallas espirituales de los Ultimos Tiempos».

 

 
  ORACION

 

Cuentan que San Francisco de Sales, en tiempos en que estudiaba para ser sacerdote, tuvo una gran crisis de fe, al punto que casi no comía ni podía conciliar el sueño.

 

Un día en que entró al templo de nuestra Señora de las Victorias vió junto a la Santísima Virgen la siguiente oración que le impactó muchísimo por su belleza y simplicidad.

 

Decía así:

 

Acuérdate Oh Madre Santa

que jamás se oyó decir

que alguno te haya implorado

Sin tu auxilio recibir.

 

Por eso con fe y confianza,

humilde y arrepentido,

lleno de amor y ezperanza

este favor yo te pido:

 

Luego de haberla rezado con fervor notó que sus dudas desaparecieron por completo.

 

Durante toda su vida fue afecto a esta oración, y la propagó a cuanta persona pudo.

 


 

 

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