REZO
DIARIO DE LA LITURGIA DE LAS HORAS.

LAUDES,
VÍSPERAS Y COMPLETAS.
«Cristo
está presente en su iglesia
orante». La presencia de Cristo
en la asamblea litúrgica que
ora es real y activa. Él es
quien, desde el Padre, nos comunica
el espíritu que «habita
en la Iglesia y en el corazón
de los fieles como en un templo, y
en ellos ora.»(LG 4a).
Toda la liturgia es oración
-la eucaristía, los sacramentos,
las bendiciones-, pero especialmente
hemos de tener la liturgia de las
Horas como la oración de Cristo
con su cuerpo al Padre. En la Ordenación
general de la liturgia de las Horas
se nos enseña que ella es la
oración contínua de
la Iglesia (1-2), la oración
del mismo Cristo (3-4), que nos comunica
así su Espíritu de oración
para que ore en nosotros (5-9). Las
Horas litúrgicas consagran
el curso del tiempo (10-11), extienden
la eucaristía a todo el día
(12-13) y, glorificando a Dios, santifican
a los hombres, pues le mantienen en
la alabanza y la súplica, y
les impulsan al apostolado.
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EL SANTO ROSARIO EN LA PC
El software desarrollado para ser distribuído gratuitamente contiene todo lo referente al Santo Rosario,
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en la secuencia de los misterios que
corresponden a cada día de
la semana, además de elegir
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Las meditaciones de los misterios
que aparecen en pantalla, son los
recomendados por el Vaticano.
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de la versión en la sección
"Cómo
usarlo"
LA ORACIÓN A MARÍA
Al
paso de los siglos, los cristianos
cumplimos la profecía que María
hizo sobre sí misma: "Todas
las generaciones me llamarán
bienaventurada" (Lc 1,48).
Tanto en Oriente como
en Occidente, los hijos de la Iglesia
han crecido siempre en un ambiente
de culto y devoción a la Gloriosa,
la Inmaculada, la Reina y Señora
nuestra, la Virgen María, la
santa Madre de Dios. En la oración
privada, en los rezos familiares,
en los claustros monásticos,
en las devociones populares y en el
esplendor de la liturgia, se alza
un clamor secular de alabanza y de
súplica a la Madre de Jesús.
Y esto tiene que ser
cosa del Espíritu Santo, es
decir, del Espíritu de Jesús,
que en el corazón de los fieles,
canta la dulzura bondadosa de la Virgen
Madre.
La
más antigua oración
a la Virgen dice así:
"Bajo
tu amparo nos acogemos, santa Madre
de Dios; no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre
de todo peligro, oh Virgen gloriosa
y bendita".
Esta
bellísima oración (Sub
tuum præsidium, en la liturgia
latina) procede de una antífona
litúrgica griega no posterior
al siglo III. En ella se invoca a
María como "Madre de Dios",
título reconocido como dogma
bastante más tarde, en el concilio
de Efeso (a.431). María aparece
ahí, literalmente, como "la
única limpia, la única
bendita", y a su regazo maternal
nos acogemos, rezando en plural, los
fieles cristianos, que, en las angustias
y peligros, confiamos en el gran poder
de su intercesión ante el Señor.
La
consagración a María
realizada por Juan Pablo II en Fátima
(13-V-1982) estuvo inspirada precisamente
en esta oración.
El
Ave María, compuesta con las
palabras del ángel Gabriel
y de Isabel (Lc 1,28s.42), así
como otras oraciones latinas hoy recogidas
al final de las Completas, en la Liturgia
de las Horas (Dios te salve, Reina
y Madre; Madre del Redentor, virgen
fecunda; Salve, Reina de los cielos;
Reina del cielo, alégrate)
son de origen medieval, lo mismo que
el Rosario y el Angelus, esas oraciones
que tanto arraigo han tenido y tienen
en la piedad de los fieles, y que
la Iglesia tantas veces ha recomendado
(Marialis cultus 40-55).
El
canto que Cristo, con su Cuerpo, a
lo largo de los siglos, ha dedicado
a la Virgen Madre, tiene siempre rasgos
de una belleza muy singular... San
Agustín (+430) la saluda: "Oh
bienaventurada María, verdaderamente
dignísima de toda alabanza,
oh Virgen gloriosa, madre de Dios,
oh Madre sublime, en cuyo vientre
estuvo el Autor del cielo y de la
tierra"... Y Sedulio, por los
mismos años: "Salve, Madre
santa, tú que has dado a luz
al Rey que sostiene en su mano, a
través de los siglos, el cielo
y la tierra"... Y el gran San
Cirilo de Alejandría, en ocasión
solemnísima, cuando el concilio
de Efeso confesó a María
como Madre de Dios: "Te saludamos,
oh María, Madre de Dios, verdadero
tesoro de todo el universo, antorcha
que jamás se puede extinguir,
corona de las vírgenes, cetro
de la fe ortodoxa, templo incorruptible,
lugar del que no tiene lugar, por
quien nos ha sido dado Aquel que es
llamado bendito por excelencia"...
Y el grandioso Himno Acatistos de
la liturgia griega, quizá compuesto
por San Germán, que fue patriarca
de Constantinopla (del 715 al 729):
"Oh Guía victoriosa, nosotros,
tus servidores, liberados de nuestros
enemigos, te cantamos nuestras acciones
de gracias... Ave, Esposa inmaculada.
Ave, resplandor de alegría.
Ave, destructora de la maldición.
Ave, cumbre inaccesible al pensamiento
humano"...
Es
el canto enamorado que el Cristo total
ofrece a María, y que se prolonga
en la Edad Media con nuevas melodías...
En Canterbury, San Anselmo (+1109):
"Santa y entre los santos de
Dios especialmente santa María,
madre de admirable virginidad, virgen
de amable fecundidad, que engendraste
al Hijo del Altísimo"...
Y en la abadía de Steinfeld,
cerca de Colonia, el premonstratense
Herman (+1233): "Yo querría
sentirte, hazme conocer tu presencia.
Atiéndeme, dulce Reina del
cielo, todo yo me ofrezco a ti. Alégrate
tú, la misma belleza. Yo te
digo: Rosa, rosa. Eres bella, eres
totalmente bella, y amas más
que nadie"... Y en el monasterio
cisterciense de Helfta, Santa Gertrudis
(+1301): "Salve, blanco lirio
de la refulgente y siempre serena
Trinidad, deslumbrante Rosa celestial"...
No
se cansa la Iglesia de bendecir a
la gloriosa siempre Virgen María.
Sólo siente la pena de no poder
hacerlo convenientemente, porque todas
las alabanzas a la Gloriosa se quedan
cortas. Y es que, como dice San Bernardo,
de tal modo es excelsa su condición,
que resulta "inefable; así
como nadie la puede alcanzar, así
tampoco nadie la puede explicar como
se merece. ¿Qué lengua
será capaz, aunque sea angélica,
de ensalzar con dignas alabanzas a
la Virgen Madre, y madre no de cualquiera,
sino del mismo Dios?" (Serm.
Asunción 4,5). Por eso nosotros,
con el versículo final de la
oración Ave Regina cælorum,
le pedimos la gracia de saber alabarla,
y que nos dé fuerza contra
sus enemigos, que son los nuestros:
«Dignare
me laudare te Virgo sacrata.
Da mihi virtutem contra hostes tuos.»
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COMO REZAR
EL ROSARIO
Para rezar el rosario con verdadero
provecho se debe estar en estado de
gracia o por lo menos tener la firme
convicción de renunciar al
pecado mortal...
LOS FRUTOS DE REZARLO ASIDUAMENTE:
«nunca, nunca se ha oído que en algún
momento o lugar María se haya
rehusado a oír las oraciones
de sus hijos.» (San Bernardo).
« La Santísima Virgen nos dijo, tanto
a mis primos como a mí, que eran
dos los últimos remedios que
Dios daba al mundo: el Santo Rosario
y el Inmaculado Corazón de
María…» (Sor
Lucía, vidente de Fátima)...
EL NOVIAZGO Y MATRIMONIO
EN TIEMPOS DE MARÍA:
En tiempos de María, la distinción
de la mujer en niña, muchacha
y adulta se hacía atendiendo,
antes que al desarrollo físico,
al grado de dependencia de la figura
paterna (patria potestas) y a la aptitud
de poder ‘contraer nupcias’...
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nota completa>>
PARA MEDITAR:

Extracto
del libro PASIÓN Y RESURRECCIÓN
DE JESÚS. (Visiones de la Beata
Catalina Emmerick).
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